
Parece que hace años que la hora oficial de la mitad de la República Argentina es (GMT -2), y sin embargo, es la segunda semana que vengo con estos problemas de tiempos.
Tuve un intercambio muy interesante con un amigo que se extrañaba que la gente tenga tantos problemas para cambiar el parámetro con el que se mide de distintas maneras la posición de la Tierra con respecto a su propio eje.
Pareciera tonto que yo afirme en el aire lo mucho que me cuesta realmente adaptarme a este nuevo huso horario que está vigente en Rosario desde el 19 de octubre, pero es real que mi metabolismo se ve seriamente afectado por estos cambios.
En primer lugar, mis tiempos de descanso han bajado de manera drástica, literalmente perdí dos horas de sueño. En su lugar, tengo una hora de siesta asegurada en alguna que otra clase de facultad. El hecho de que oscurezca cerca de las nueve de la noche hace que se haya retrasado entre una hora y hora y media el horario de la cena, porque asi mismo atrase mi merienda, y con la misma lógica el almuerzo.
Todo igual me dirán hasta acá, hacés la misma vida pero con una hora más de diferencia. Sí, este razonamiento es muy válido bajo la hipótesis que el horario de inicio de clases en la facultad fueran en vez de las 7.30 am, las 8.30, pero resulta que no es así. Entonces, hago la misma vida con diferentes horarios pero me levanto una hora antes. El otro problema es que al atrasar el resto del día una hora termino yendo a la cama no antes de la 1am, o sea una hora después de lo normal.
Conclusión, dos horas menos de sueño y un día absolutamente más largo, que no termina nunca, y son esos no recomendables para cuando uno tiene un mal día y necesita que se termine urgente para volver a empezar.
Mientras tanto, no solo a mi,
el cambio horario descolocó la base tecnológica rosarina, y la actualización que tuvo que hacerse con los PLC (Controlador Lógico Programable) de los semáforos, construyeron una esquina intransitable para los peatones, ya que siempre el semáforo peatonal obliga a detenerse y nunca es seguro cruzar, aunque los autos estén detenidos.
El tiempo es un invento del hombre para sincronizar sus tareas con el resto, pero cuando uno cambia el parámetro, como convivimos en sociedad y dependemos de una gran cantidad de personas para todo lo que sea desde comprar una tarjeta de colectivo, hasta pagar un impuesto, finalmente tenemos que adaptarnos para sobrevivir, aunque no todos nos adaptamos de la mejor manera.
La conclusión me lleva a la siguiente pregunta: ¿Habrá algún momento en el que pueda acostumbrarme a esta nueva rutina? La respuesta es simple y sencilla, "Sólo el tiempo lo dirá"
Tuve un intercambio muy interesante con un amigo que se extrañaba que la gente tenga tantos problemas para cambiar el parámetro con el que se mide de distintas maneras la posición de la Tierra con respecto a su propio eje.
Pareciera tonto que yo afirme en el aire lo mucho que me cuesta realmente adaptarme a este nuevo huso horario que está vigente en Rosario desde el 19 de octubre, pero es real que mi metabolismo se ve seriamente afectado por estos cambios.
En primer lugar, mis tiempos de descanso han bajado de manera drástica, literalmente perdí dos horas de sueño. En su lugar, tengo una hora de siesta asegurada en alguna que otra clase de facultad. El hecho de que oscurezca cerca de las nueve de la noche hace que se haya retrasado entre una hora y hora y media el horario de la cena, porque asi mismo atrase mi merienda, y con la misma lógica el almuerzo.
Todo igual me dirán hasta acá, hacés la misma vida pero con una hora más de diferencia. Sí, este razonamiento es muy válido bajo la hipótesis que el horario de inicio de clases en la facultad fueran en vez de las 7.30 am, las 8.30, pero resulta que no es así. Entonces, hago la misma vida con diferentes horarios pero me levanto una hora antes. El otro problema es que al atrasar el resto del día una hora termino yendo a la cama no antes de la 1am, o sea una hora después de lo normal.
Conclusión, dos horas menos de sueño y un día absolutamente más largo, que no termina nunca, y son esos no recomendables para cuando uno tiene un mal día y necesita que se termine urgente para volver a empezar.
Mientras tanto, no solo a mi,
El tiempo es un invento del hombre para sincronizar sus tareas con el resto, pero cuando uno cambia el parámetro, como convivimos en sociedad y dependemos de una gran cantidad de personas para todo lo que sea desde comprar una tarjeta de colectivo, hasta pagar un impuesto, finalmente tenemos que adaptarnos para sobrevivir, aunque no todos nos adaptamos de la mejor manera.
La conclusión me lleva a la siguiente pregunta: ¿Habrá algún momento en el que pueda acostumbrarme a esta nueva rutina? La respuesta es simple y sencilla, "Sólo el tiempo lo dirá"
(Nota: si leyeron con atención, entenderán que en realidad pierdo una hora de sueño, y no dos, siguiendo la lógica de pensamiento que les presenté para llegar a mi conclusión xD)






