sábado, 29 de noviembre de 2008

Un poco de Aire... Acondicionado

Últimamente parece que no hay nada más relevante que las temperaturas récord para el mes de Noviembre en la ciudad de Rosario. Y claro, con 43 grados de sensación térmica, la mente y el cuerpo quedan inhabilitados para pensar en algo más que la mera supervivencia. Salir a la calle es una misión imposible éstos días, y hasta se torna peligroso, ya que la infraestructura eléctrica de la ciudad comienza a causar estragos. Hay hasta cierto temor que algún que otro cable subterráneo colapse cuando estamos caminando sobre él y ni hablar de un posible corte de luz, puede ser fatal.

Igualmente hay cierta preocupación por parte de la cámara que agrupa a los vendedores de aires acondicionados, ya que el freno al consumo está afectando a este bien más que a otros. No deben pasar inadvertidos los descuentos de hasta el 25% que lanzaron algunas cadenas importantes y hasta 18 cuotas sin interés con descuentos que hacen de estos productos un bien más accecible que el mero pago contado.

Hoy estaba viendo la tele, y hay algo de todo esto que no me pasó para nada desapercibido. Como la mejor de las propagandas de la Serenísima y su famoso Actimel, la nota que presentaban algunos neumonólogos y otros doctores en un conocido canal de noticas, entrevistados en sus consultorios y con guardapolvo blanco, se titulaba "Mitos sobre el Aire acondicionado"

Justamente la nota abordaba el tema más que del lado de los mitos, del lado de los beneficios que trae tener un aire acondicionado para dormir a las personas con asma, entre otras enfermedades respiratorias.

No se limitaba a eso, una especialista en sueño recomendaba dormir con el aire a una temperatura entre 23 y 25 grados, aunque había que arrancar la noche con el aire a 17 grados, y subirlo poco antes de dormir porque el cuerpo pierde temperatura mientras descansa.

Como Epílogo de este pequeño informe, me queda la extraña sensación de cierta tendencia de los medios de comunicación a crear una necesidad en la gente como es volver a comprar masivamente aires acondicionado, aunque muchas veces sea un producto nada accesible para gran parte de la población, y lo peor, recurrir a programas de difusión científica para crear una necesidad en lo que me sonó una campaña comercial más que un informe real.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Viviendo conmigo.

Abro los ojos y me pongo a escuchar. Estoy esperando el ruido de la tele, el teléfono o hasta alguna que otra radio como todos los días. Silencio. No entiendo que pasa, me aseguro y escucho otra vez. Más silencio.

Hoy mi casa está vacía, pasé todo el fin de semana solo.

Realmente es toda una aventura para un jóven de 20 años tener que vivir en un lugar al que familiarmente está acostumbrado a no hacer nada y de golpe pasar a ocuparse de todo (Yo lo llamo el "Efecto Mantenido"). Distinto es cuando uno cambia de aire, cuando la cama no es la suya, cuando las cosas son prestadas, cuando tiene que mantener cierta imágen. Pero en el hogar familiar, vivir solo, querer improvisar un "departamento de Soltero" se hace más que complicado.

Pocas veces tuve la oportunidad de disponer de mi casa a mi antojo, por lo menos por algunos días, y menos la posibilidad de no estar monitoreado 24 horas por alguna de mis tías que me rodean en un radio de 50 metros. Y sin embargo es algo que desde que empezé los estudios sueño, tener mi casa cerca de la facultad, sin nadie que me moleste.

Sin embargo estar acá, es una película incompleta. Las imágenes son familiares pero de paisajes vacíos, no hay personas ni hay sonidos del otro lado de la puerta. Es muy raro y hasta nostálgico. Supongo que así se debe sentir el hijo que vuelve a la casa de sus padres cuando ellos ya no están, y no con esto quiero hacer una tragedia de mi situación.

El viernes estuve en una fiesta y fuimos a desayunar a la casa de un amigo que vive solo en el centro. Me sorprendió el orden y la limpieza que el logra en su departamento viviendo solo, estudiando y con las mismas complicaciones cotidianas de quien les habla. Llegué a la conclusión de que tengo que tener una señora que limpie tres veces por semana y así todo se mantiene en orden.

Se lo comené a otra amiga que hace dos años tuvo que aprender a sobrevivir por su propia cuenta. Me dio consejos básicos como: Ensuciar lo menos posible, cocinar lo menos posible, usar la menor cantidad de cosas posibles. Consejos que dicta el sentido común, pero déjenme decirles que en principio no lo estaba haciendo.

Sin embargo, no todo es malo a la hora de convivir solo y hacerse cargo de la responsabilidad que lleva mantener un hogar en condiciones mínimamente habitables. Tener un tiempo para uno, desligarse de las responsabilidades para con el otro a la hora de volver a casa luego de una cargada jornada de actividades son cosas sin duda gratificantes y que lo llenan a uno de placer.

Ese es el placer que quiero hoy compartir con ustedes, el placer de volver a escribir después de unos días de ausencia, el placer de volver a estas páginas virtuales. Tengo ganas de volver a la calle con un aire indagador, a recorrer y buscar que esta pasando en la ciudad que no es poco.

Eso es lo que me motiva a no deprimirme un domingo cualquiera.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Perdido de la Blogósfera

Sé que estoy desaparecido de este lugar, que en algún momento quedó abandonado... La culpa es de
Ya estoy en la mitad de la segunda temporada. No Puedo parar de verla.

Me hace acordar a la propaganda de ciertas papas fritas, ustedes podrán ver uno solo y esperar, cuando tienen todas las temporadas a mano?

domingo, 16 de noviembre de 2008

Sin sentido

Ayer Soñé que le encontraba sentido a la vida...

Me desperté y otra vez nada tenía sentido.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Secretos de Ciudad

Hoy llegue a la conclusión que vivimos en una ciudad que no está preparada para la velocidad de los tiempos que corren. Me imagino una ciudad moderna, como un lugar donde todas las cosas estén optimizadas de manera que no se pierda tiempo esquivando obstáculos, recorriendo distancias ilógicas o simplemente, deteniéndose a observar los detalles.

Rosario, como las ciudades por lo menos del interior del país, distan mucho de esa imágen, y eson evidentemente ciudades pensadas en otro tiempo.

Hoy estaba haciendo la cosa más tonta, como tomarme un tiempo hablando con tres amigos en el hall de la Facultad de Cs. Exactas, Ingeniería y Agrimensura, cuando de manera imprevista alguien vio encima de la puerta principal, en realidad encima de cada una de las puertas de calle, estos centinelas de piedra:


En lo personal, hace que paso por ese mismo lugar desde hace 8 años, siempre miro por el lado de afuera, pero nunca tengo tiempo para mirar que es del interior. Sin embargo ahí están, imágenes centenarias inspiradas en vaya a saber uno quién.

Y todas las ciudades que se vienen adaptando a los cambios, van dejando estas marcas de momentos en los que la gente tenía tiempo de admirar los detalles, en los que se marcaba la diferencia con estas artesanías. Ahora ya no hay tiempo para eso, la carrera es cada vez más rápida, y no hay que quedarse atrás. No hay tiempo para observar.

Mientras estaba escribiendo me acordé de otro símbolo similar que encontré desde una terraza en el centro y que está perdido mezclado entre todos los edificios. Ya no es accesible para el peatón, pero hay quienes tienen una vista privilegiada de esto:


Encima de la sala Lavardén y detrás de su cúpula puede verse este reloj antiquísimo ya en un estado calamitoso, que también es una buena imágen de ciudad sin tiempo, de un pasado que va siendo absorvido por el presente y que va dejando huellas.

Es hora de detenemos, tomar aire y mirar, todo está lleno de detalles.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Adios a la Navidad.



Cada año las vidrieras vestidas de verde y rojo nos van recordando que llega el fin de año y todos nos vamos predisponiendo para las fiestas que vendrán. Algo así no va a ocurrir en Oxford, donde el ayuntamiento aprobó abolir toda la referencia a la Navidad, por considerarla un evento puramente religioso.

Me resultaría muy extraño levantarme un 24 de diciembre sin pensar en el evento que en pocas horas convocará a toda mi familia y nos motiva para a la ingesta desmedida de bebidas alcoholicas.

No porque viva en una familia religiosa. Diría que de mis primos no hay ninguno con una tradición ampliamente católica, pero de por sí la Navidad significa en mi familia una fecha de reunión, una de las pocas veces en las que la tía no se acuerda lo que le hizo mi padrino, ni la abuela de mi primo tiene rencor por su consuegra.

Sin embargo, desde hace algunas décadas, y me atrevería a remontarme un par de siglos atrás, la religión, lo esotérico, las explicaciones sobrenaturales, están perdiendo cada vez más adeptos y en definitiva terminamos creando una sociedad lógica que no se permite imaginar.

Pensaba en todas las consecuencias que me está trayendo el estudio de la Ingeniería y casi que veo como mi problema de creatividad se proyecta hacia una sociedad cada vez más estructurada, más incrédula, y con menos momentos para compartir.

Veremos que nos pasa a nosotros esta Navidad. En Oxford, será otro día para estudiar o trabajar.