
Para los que no están al tanto, vengo recientemente de un viaje bastante "trascendental" por el norte argentino. Lo califico así porque la visión que tuve en un momento fue bastante extraña; el verme como un extraño en mi propia tierra la verdad que me pegó bastante. Más allá de los paisajes, que son abrumadores e indescriptibles, lo más impresionante son las personas.
El viaje en sí fue bastante particular, un viaje nómada si pensamos que salimos sin mucha planificación, sin demasiado rumbo y sin demasiada ropa... Pero como si todo estuviese planeado de una forma que no llegáramos a entender, la serie de pequeños momentos que el viaje tenía a cada paso, los personajes con los que nos hemos encontrado, me tiene repensando y replanteandome qué es lo que buscamos como personas y hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar cosas para conseguirlo.
La sencillez, el detenernos un segundo a pensar qué es lo que le pasa al otro, y la escala de valores, son cosas que parecieran no existir en las grandes ciudades, donde nos distraemos con todo, desde la tele hasta internet, desde un teléfono celular hasta un sinnúmero de objetos innecesarios por los que nos clasificamos, nos elegimos y nos prejuzgamos.
Allá existen otros tiempos, otros entretenimietos, otra calidad de vida. Un lugar que alberga a un argentino viviendo en Suecia desde hacía 32 años, pero que siempre vuelve a sus orígenes y sigue hablando el español con el mismo acento que se llevó desde acá, al cual no le creíamos una palabra de lo que decía hasta que conocimos a sus hijos...
Allá cuando un turista se pierde, toma otra curva y termina haciendo 32km por terreno de ripio y canto rodado en el medio de la montaña, un criador de corderos está al final del camino, dispuestos a invitarnos a su casa, a tomar unos mates con algunos yuyos y mucha azúcar para entrar un poco en calor, a hacernos parte de su vida, sus costumbres y su historia.
Pero sin embargo pensamos que nosotros vivimos bien, teniendo un auto más caro del que podemos mantener, a veces más caro que nuestra propia casa, mostrándonos por lo que tenemos y no por lo que somos y fundamentalmente compitiendo... siempre compitiendo hasta con nuestros propios hermanos...
Así que es un buen momento para detenernos, para respirar hondo y pensar. Un momento para rearmar algo con un nombre raro llamado "escala de valores". Entender que a veces la persona que tenemos en frente tiene sus propios problemas y sus propios malestares es una buena forma de entendernos a nosotros mismos...

2 respuestas:
Hola no se como estoy aca pero creo que sos el hijo de Noemì, asi que nada mandale un beso... suerte !!
Muy bueno tu blog...
Bye...
Flor
2.0 full full lo tuyo eeeee jajaj q lindo el norte, un viaje pendiente que tengo.
abrazoooo
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