Parece irónico que encontrar un momentito de tranquilidad por estos días sea tan difícil, mucho más después de la experiencia que relaté oportunamente. Digo irónico porque después de escribir aquella vez, de aquel viaje, las circunstancias me llevaron mucho más por una senda de movimiento, desafíos personales y actividades, que a poder aplicar lo que aprendí, a darme mis tiempos, permitirme mis espacios.
Sin embargo, pese a que a veces me siento abrumado por la cantidad de cosas que llenan mi agenda, que me obligan hasta suspender la visita al odontólogo para que asesine a mis muelas del juicio restantes por ejemplo, día a día me sigo sorprendiendo de las cosas y de las personas con las que me voy encontrando a cada paso. Mucho movimiento, muchas actividades, pero a la vez mucho crecimiento y descubrimiento personal. Cuando todo parece que está hecho, que ya no se puede aprender más, la vida me vuelve a dar una vuelta de rosca a todo, encontrándome con personas, viviendo situaciones, compartiendo experiencias, que me hace revivir ese sentimiento de que somos capaces de hacer lo que queramos, de cambiar el mundo.
A veces no nos damos cuenta, muchas otras no nos dejan darnos cuenta de las posibilidades que tenemos ante nosotros. De lo importante que es en sí el camino, más allá de las metas que nos propongamos, que muchas veces pueden resultar o no. Al final, qué importa si todo sale como esperamos, o si nos enfrentamos a una situación totalmente nueva, como se diría popularmente “¿Quién nos quita lo bailado?”.
Hace no mucho, escribía ese sentimiento que tengo de rodearme de personas que realmente son sorprendentes en su manera de ser, de actuar. Hoy puedo seguir reafirmándolo. No creo que todo sea producto del azar, sino que uno tiende necesariamente a realizar estas clases de vínculos, con las personas que comparten cosas que uno lleva dentro, es una cuestión de afinidad.
Mucho esfuerzo, mucho trabajo y esfuerzos dedicados a hacer cosas por el resto, pero qué sentido tiene hacer otras cosas, que aquellas que finalmente de alguna u otra manera, terminan generando al menos inquietud en quién está al lado. Son las que realmente valen la pena, las que completan esos espacios que muchos no saben que tienen. Cuando las cosas salen como vos esperas, y recopilás esas pequeñas devoluciones de alguien que se da cuenta del esfuerzo que lleva salir de la comodidad de la rutina, desafiarse a ser un actor activo, participativo y comprometido, realmente se siente que estás en el camino de lo que sos. Las cosas toman sentido.
Y acá encontramos el verdadero éxito. Compartir con alguien el esfuerzo, modelar la propia realidad para hacerla más parecida a lo que nos imaginamos y queremos, hacer inevitablemente que todo no pueda más que mejorar.
Releo lo que empezó como la idea de un correo para gente que realmente merece saber el cambio que producen, por lo menos en una persona, que soy yo, pero me di cuenta de que esa gente no es tan distinta a mi, por eso está cerca, y si tiene la oportunidad de leerme, se va a sentir identificado y va a saber que las palabras están dirigidas hacia ellos. Gracias!

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