lunes, 11 de julio de 2011

De Atajos y responsabilidades.

Siempre me pasa en los momentos donde lo natural y correcto sería sentarme a estudiar y preparar materias, que me dedico a pensar, a leer y hacer todas esas cosas que me alejan lo más posible de los libros y me entretienen la cabeza. Estos momentos de rechazo al estudio son más que interesantes y en general trato de no reprimirlos. Son momentos donde realmente puedo encontrarme conmigo y madurar algunas cosas que pasan a mi alrededor.

Fundamentalmente en estos últimos días, me di cuenta, tal vez hablando o escuchando a algunas personas y siendo testigo de algunos hechos, pensamientos y conclusiones ajenas, que a veces tenemos que mirar lo que pasa sin intentar intervenir en todo. Creo que es algo bastante natural que intentemos agarrar al otro de las astas y tratar de mostrarle las vivencias y experiencias que te llevan a pensar como uno piensa, a ser como uno es, a mostrar el atajo que te lleva desde A hasta B sin pasar por a veces el doloroso camino del aprendizaje, sino agarrando el atajo del que ya lo vivió.

En realidad hay etapas que no se pueden quemar. Resulta a veces hasta difícil comunicar un mensaje que lleve a interpretar realmente lo que uno quiere decir sin que esto sea considerado un agravio o una subestimación a las capacidades. A veces el aprendizaje que el otro necesita está en experimentar esos golpes al autoestima y a la motivación, esas piedras en el camino que nos hacen sentir incapaces y nos paralizan, para renacer de ellos y ser más fuertes en la nueva batalla.

Tal vez, la responsabilidad de uno no está en intentar que el que tenemos al lado logre tomar el atajo, logre ver un punto de vista diferente o logre ponderar términos en la ecuación que a simple vista no son tan claros. La responsabilidad individual se basa en tomar decisiones propias, y hacerse cargo de ellas, en base a su experiencia y continuar el camino, continuar creciendo y viviendo las experiencias para aprender cosas de las que todavía carece, y dejar que el otro pueda hacer lo mismo y vaya etapa por etapa decidiendo sobre su propia vida.

miércoles, 6 de julio de 2011

¿Innovación como Solución?

He aquí mi ensayo para el III Seminario de Estudiantes de Ingeniería Industrial que envié después de varias correcciones, me parecía interesante compartirlo. Habla un poco de la temática central del evento, algunos pensamientos y lo que creo que agregaría valor a los productos primarios de exportación.

Introducción

Sé que debería empezar a investigar, movilizarme, inspirarme y volcarme completamente al desarrollo de algo llamado “innovador”. Debería estar desde hace horas interiorizándome acerca de qué soluciones le han encontrado en otros países a los problemas que nosotros mismos tenemos, o esperar a que un rayo de inspiración me ilumine sobre algo que todavía sea inédito, que no esté siendo producido, o aplicado, actualmente. También estoy consciente que toda esa investigación, o momentos de clarividencia, tendrían como fin último desarrollar tanto un producto, como un servicio o un proceso que de alguna manera u otra, contribuya seriamente a “Agregar Valor a los Productos Primarios de Exportación”.

Este ensayo por supuesto, no se dedicará a abordar tal temática ya que su autor opina, que esta visión del Ingeniero visto como un “Innovador Productivo”- como diría un amigo cercano- lo limita en su desarrollo de actor socialmente activo y participativo en el mundo actual. Así planteado, pareciera ser que la única forma de aportar algo verdaderamente significativo al desarrollo del ingeniero en sí, o de agregar valor a los productos primarios de exportación, es desarrollando un producto, o un proceso, o un servicio que sean innovadores. También me gustaría pensar que la solución a los problemas que tenemos actualmente no se limita solamente a agregar valor a los productos primarios de exportación, y que esto es solo un medio para el fin.

Me atrevería a decir sin ningún pudor que tener un momento de inspiración de este estilo, de encontrar algo realmente inédito que agregue valor, y que me permita comercializarlo tanto en el interior del país como permitirme su exportación, me tendría en este momento detrás de un plan de negocios y algunos inversores para arrancar la producción en el menor plazo posible.

En definitiva, lo que quiero significar con este prólogo, es que no sólo se puede agregar valor en los productos primarios, esto sería desconocer totalmente a los sectores de servicios y tecnologías que no se desarrollan detrás de estos productos, ni tampoco creo que la solución a los problemas de agregado de valor se encuentran en la innovación en los productos y procesos de generación de éstos mismos productos primarios.

La verdadera Innovación

De nada sirve esta visión meramente comercial del país ni del mundo para desarrollarlo como país exportador. En realidad lo que nos faltan no son ideas. Es claro como estudiosos de otras culturas vienen en intercambios a la Argentina a aprender de nosotros. Países Europeos y otrora con gran estabilidad, están siendo sacudidos paulatinamente con crisis económicas que desestabilizan sus sistemas productivos y de cadena de valor. Somos un claro ejemplo de adaptabilidad, de continuo cambio, y somos un ejemplo a la hora de tomar decisiones que mantienen activas a nuestras empresas en un entorno completamente cambiante y poco estimulante a la inversión. Y eso es lo que nos vuelve tan interesantes.

Somos altamente capaces de desarrollar una innovación incremental porque el ambiente hace que sea fundamentalmente una necesidad para la supervivencia. No podemos escapar a la innovación. Claro está, en conjunto con la mejora continua y nuevos modelos de negocios.

¿Por qué entonces nos cuesta tanto desarrollarnos como país exportador? Fundamentalmente por falta de cultura. Cuando hablo de cultura, hablo de poder dejar de lado esa cualidad que ya para muchas personas es considerada un “valor”, algo que como sociedad premiamos y admiramos. Estoy hablando de la famosa “argentinidad”. Es esa soberbia, ese egocentrismo que nos hace pensar que estamos por encima de todo y de todos.

En este punto es bueno volver a formular la pregunta ¿Por qué nos cuesta tanto convertirnos en un país exportador? Porque es imposible hacer negocios sin reglas de juego claras, sin respetar al otro, sin poder demostrar seriedad y confianza. Misiones comerciales fracasan porque no somos capaces de hacer negocios, no sabemos cómo tratar a quien tenemos al lado, como vender lo que tenemos para ofrecer. No sabemos cómo ofrecer claramente lo que hacemos, porque en realidad no lo tenemos demasiado en claro. Vendemos a través de grandes multinacionales que se encargan de hacer todos los negocios, porque, sin terciarizar esta cuestión meramente formal, caeríamos una y otra vez en el fracaso. Y sin embargo muchas veces lo hacemos.

Y por si ello fuera poco, la falta de habilidad para hacer negocios, para ofrecer nuestros productos se ve incentivada por una pobre política Nacional, que entorpece las relaciones comerciales con los países vecinos, que con políticas demasiado proteccionista cierra puertas para colocar nuestros productos en el exterior. Debemos asumir que no somos imprescindibles que no somos únicos ni especiales, y que lo que nosotros no podemos vender, alguien más lo hará.

Entonces, desde este punto de vista, no es un producto o un servicio o un proceso los que deben resultar innovadores, sino nosotros mismos. Debemos innovar y romper estos viejos paradigmas en los cuales la falta de respeto y de valores claros, la falta de reglas comerciales y jurídicas claras, y fundamentalmente el extremo egocentrista de pensarnos a nosotros mismos como impredecibles, nos coartan y nos entorpecen. No es necesario innovar, crear algo que nadie haga para que nos lo compren y podamos desarrollarnos como exportadores, para volvernos competitivos a nivel mundial, hace falta que nosotros aprendamos a ofrecer todas las conquistas que ya supimos conseguir, toda la inventiva que volcamos sobre lo que actualmente estamos haciendo, aprender de todo el camino que ya está andado.

No resultaría demasiado complicado emprender una investigación, volcarme en alguna bibliografía que me inspire en algún proceso ya conocido pero olvidado, para escribir mil palabras sobre lo bueno que sería cambiar tal o cual cosa. Lo que sí me parece bastante más complicado es que, habiendo tenido la posibilidad de acceder a la educación, al pensamiento, a la lógica de resolución de problemas que nos otorga la carrera, comencemos a actuar de manera diferente, sin repetir y sin soplar los errores que estamos cometiendo en la actualidad y que nos transformemos en las personas que queremos realmente ser para generar una sociedad mucho más inclusiva, desarrollada y productiva.

Es hora de darnos cuenta que el problema no está ni nunca estuvo en el objeto, siempre fue una cuestión de sujeto.

Será en ese entonces, cuando predicando con el ejemplo y modificando nuestras conductas hacia valores más sólidos, cuando el respeto se convierta finalmente en una de nuestras virtudes morales, en definitiva, cuando nos atrevamos a convertirnos en agentes de cambio social, dejaremos de ser prescindibles, y no va a importar si es en forma de granero del mundo, o encontrando nuevos puntos de explotación, porque en ese entonces, ya no podrán ignorarnos.

Así que mi propuesta es simple, tenemos que innovar radicalmente en la manera en la que nos comportamos como personas, cambiar los procesos que tenemos predefinidos para hacer negocios y para manejarnos en sociedad. Dejando de lado la ambición de la generación desmedida de riqueza en post del desarrollo social. Sólo así, tendremos el suficiente valor agregado en nosotros mismos, para transmitírselos a los productos que fabricamos, o a los servicios que brindamos.

Cuando la Responsabilidad Social Empresaria deje de ser algo que se enseñe a los empresarios, y sea algo con lo que se conciban los emprendimientos, en ese momento podremos decir que lo hemos conseguido.